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Sabes que me motiva a escribir estas líneas, es muy sencillo. En este mismo momento conozco varios ministros desalentados, frustrados, por que no tienen buenos resultados en su ministerio, se sienten fracasados y no saben como obtener los resultados que tanto anhelan en la obra. No pasan de 50 personas en asistencia y otros cuando mucho tienen 100 personas como miembros en más de 20 años de ministerio, los mismos, no asisten con regularidad a los servicios de adoración. He podido observar además, que varios de estos problemas es el resultado de la falta de conocimiento para una buena administración en las diferentes áreas que conciernen al ministerio.

 

Si de verdad deseas éxito en tu ministerio y en las diferentes áreas que cubre la obra de Jesucristo, primero que todo, necesitas tomarte el tiempo necesario para prepararte tu mismo en estas funciones tan importantes. Recuerdo las palabras del salmista David en el Salmo 23.1-2 que dice: “Jehová es mi pastor, y nada me faltará. En lugares de verdes pastos me hace descansar, junto a aguas de reposo me conduce.” BLA

 

Las palabras de David, fueron inspiradas por el Espíritu de Dios, por eso tienen mucha importancia para todo aquel que quiere ser un ministro del Evangelio. David sabia, que como ministro del Señor tendría todas las provisiones necesarias para cubrir las necesidades de la obra, las cuales mencionaremos más adelante.

 

"Alzaré mis ojos a los montes, de donde vendrá mi socorro.

Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra"

                                                          (Salmo 121:1-2)                    

 

Todo ministro necesita verse, y ser visto por otros, como una persona cuyo éxito en cualquier área de la vida está relacionado totalmente con una buena administración en las demás áreas. Una percepción adecuada de la vida y el ministerio es fundamental para el éxito.

 

Si quieres que los que te ayudan en el ministerio tengan éxito, primero debes tú, conquistar el éxito para luego exigir que los tuyos alcancen el éxito que tú quieres para que todas las áreas en las que ellos te ayuden puedan producir los frutos que esperas. Hasta que tú alcances tu propio éxito, podrás pedir a los tuyos que logren el éxito en las áreas  en las cuales trabajan.

 

            He escuchado a pastores decir que ya no hayan donde predicar, bueno, a lo mejor ya es tiempo de pensar como lo hizo el escritor del salmo 121.1-2, alzar los ojos a los montes significar refrescar la visión, buscar nuevos pastos, una nueva unción de parte de Dios, buscar una revelación fresca que motive a seguir adelante. Todo eso requiere de tiempo en un aula de capacitación, institutos bíblicos donde podemos renovar nuestras ideas para fortalecer nuestro ministerio. No debemos excusarnos con palabras como: no tengo tiempo, estoy muy ocupado para asistir a un instituto bíblico, o con aquellas palabras: “el Espíritu Santo me va enseñar”, no existe semejante cosa, eso es absurdo; eso indica que eres una persona que no le gusta pagar el precio por obtener la excelencia. El Espíritu Santo te recordará lo que tú has aprendido, esas fueron las palabras del Señor Jesucristo en Juan 14.26, es aquí donde nuestra comunión con Dios hará que el Espíritu Santo nos recuerde lo que hemos aprendido y oído.

 

Debemos entender el concepto de que los ministros son personas integrales. No ignorar los dones específicos dados a las personas, ni las áreas de especialización que son tan necesarias para una excelente administración de las iglesias.

La preparación total del ministro le servirá para suplir las exigencias del ministerio y habilitar el desarrollo de habilidades para áreas especiales.

 

Continuamente observamos a buenos predicadores desanimarse por sufrir de anemia administrativa por no haber tomado el tiempo necesario para conocer las prioridades concernientes al ministerio.

 

Consejeros competentes se han desanimado totalmente en su predicación. Pastores con toda la capacidad para predicar, aconsejar, enseñar y administrar abandonaron el ministerio  por no haber nutrido una relación matrimonial y familiar.

 

Usemos entonces, los términos ministro y ministerio sobre el entendimiento del mensaje bíblico y de la teología del ministerio del creyente, cada cristiano es ministro. El papel de siervo sugerido por el término ministro le pertenece a todo aquel que al llamarse cristiano anuncia ser discípulo de Jesucristo. Empero, porque existen prioridades en el ministerio hablemos sobre las personas que sirven como pastores, pastores asociados, ministros de educación, de recreación, de administración, de evangelismo, y ministros de conserjería y demás puestos de importancia. Por tal razón vamos a referirnos a todas estas áreas como ministros. De alguna forma, estas personas simbolizan el ministerio de todos los creyentes entre sí y hacia la gente que los rodea. Por medio de su trabajo y su vida representan el ministerio misionero de la iglesia que sirve a Cristo en el mundo.

 

Espero que estas humildes líneas puedan ayudarte a establecer prioridades en el ministerio que estas trabajando. Puedes comenzar con seleccionar a los que te van ayudar y dependiendo de trabajo que cada uno de ellos va ha desempeñar, así será también la capacitación a la que se someterán para luego que ya estén preparados y listos para tomar acción en el ministerio obtengas los resultados que esperas. Recuerda que todo esto requiere de mucho tiempo y dedicación, pero si perseveras y tienes metas claras, te garantizo que los resultados serán extraordinarios. Además del tiempo que vas ha dedicar, también será necesario que pienses en que muchas veces tendrás ayudar ha estas personas en las fianzas ya que muchas veces ellos mismos tendrán problemas económicos y puede ser que no puedan continuar su preparación por falta de dinero, es aquí donde tu tendrás que apoyarles. Muchos de los problemas que tenemos en el ministerio es que, por la falta de dinero las personas nunca terminan sus estudios.

 

Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida. Prov. 4.23

 

Debemos entender que de la manera que el corazón bombea la sangre distribuyéndola a través de todo el cuerpo para conservarlo con vida. Por analogía diré que es igual al compararlo con el ministerio que debe proveer energía, vida, apoyo y renovación a todas las demás áreas de la obra.

                     

Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular, en quien todo el edificio, bien ajustado, va creciendo para ser un templo santo el Señor. En quien también vosotros sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu. (Efesios 2.20-22)

 

La vida y obra del ministro están sostenidas por una relación con Jesucristo, “la piedra angular”. Si esta relación prioritaria no recibe la atención adecuada, ninguna inversión en las prioridades externas puede hacer que logren y mantengan su potencial.

 

Pablo habló de Cristo, diciendo: “Él es antes de todas las cosas, y en él todas las cosas permanecen” (Colosenses 1:17). Todas las buenas relaciones que un ministro desea son posibles cuando las prioridades están sostenidas desde adentro. Mientras las prioridades estén adentro sostenidas en un poder sobrenatural, no hay que temer. El resumen de este principio absoluto es: nunca hay que permitir que un problema   externo desvíe la atención de lo que nos hemos propuesto alcanzar.

                                                                                                                       

Cuando nuestros líderes carecen del conocimiento adecuado para el ministerio que van a desempeñar, el ministerio completo sufrirá las consecuencias de un estancamiento que resultará en fracaso, desaliento y frustración para el pastor, el pastor asociado, y líderes en general. Los problemas se verán en todas las áreas. En el ministerio de la música, la educación, la evangelización y demás ministerios en la obra del Señor.

 

Concluyo con esto: comienza a preparar líderes en tu ministerio, no dejes pasar mucho tiempo. Comienza hoy y en poco tiempo veras como todo comienza a tomar un rumbo deferente.

 

Bendiciones.

Hno. Fredy Monterroza.

           

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