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El Pastor y La Predicación-1
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Introducción

El pastor que se da cuenta de la importancia de la predicación, será impelido por un Sentido de comisión divina y sostenido por el conocimiento de que su mensaje tiene la sanción de Dios, cosa que le da una nota de autoridad al predicar. Son demasiados los predicadores que hacen su trabajo en un sentido de mente fácil y casual si es que no indiferente. Para ellos un pastorado es un trabajo que les da una manera de vida.

 El motivo competente consiste en hacer bien el trabajo con el fin de poder tener uno mejor después. El pastor de esa clase viene a su pastoral sin objetivos definidos. Se queda allí hasta que le dan la oportunidad de un cambio. Sale sin sentir que ha hecho algo bueno y sin sentirse triste por la falta de éxito que haya tenido. El pastor que estima adecuadamente el llamado para predicar, siempre siente el imperativo interno expresado en las palabras memorables de Jesucristo, me conviene hacer las obras del que me envió entre tanto que el día dura: la noche viene, cuando nadie puede obrar. La persona que tiene esta compulsión no se entrega a trivialidades. Está muerto a todas las cosas con el fin de hacer del único negocio de su vida una cosa de éxito.

 

El hombre de Dios es como un rey en su trono. Habla, y nadie puede refutar su mensaje. Esta sin temor confrontándose con la oposición a la verdad y a la rectitud. Lo que ha dicho lo basa siempre en las palabras, “Así ha dicho Jehová”. No se siente sobre cargado por las opiniones humanas. Dios le ha capacitado con su mensaje y ya sea que los hombres oigan o no quieran oír, la respuesta suya es su responsabilidad.

 

El pastor debe dominar muchas ocupaciones; pero, primero que nada debe dominar el arte de la predicación. La medida mas adecuada del hombre es su propio concepto de esta tarea grandiosa. Predicar es la mediación de la verdad de Dios hacia los hombres a través de la personalidad humana. Esta sobre cualquiera otra forma de comunicación. Las conferencias o los discursos bien pueden ser muy eruditos, iluminar el intelecto y provocar las emociones, pero carecen del elemento de lo divino. Es verdad que tiene su lugar adecuado, pero no son substitutos para la predicación ya que esta es inspirada por Dios. 

 

Es de sentirse que los laicos permitan que sus ideales de predicación se rebajen a seguir su propia concupiscencia y se busquen maestros que dediquen su predicación a fábulas antes que a la predicación de la verdad. Cuando los predicadores cumplen con estas demandas en lugar de predicar el mensaje que Dios ha dado, caen también dentro de la profecía de destrucción por esta práctica licenciosa. Tenemos la revelación completa de Dios en las Sagradas Escrituras. Todo individuo que agregue o quite de ella es un hereje, un fanático, o quizá ambos. Pero el que no vive lo suficientemente cerca de Dios como para recibir iluminación divina del Libro Sagrado con su mensaje incansable y vital para los hombres, no vale la pena como predicador.b

 

Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos; porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios. Hechos 20:26-27. Pablo se refiere a que enseño la doctrina con toda claridad, por lo cual iba a ser liberado de que esa sangre no cayera sobre él. ¿Podrás tu decir lo mismo?c                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      

I. LA FUNCION DEL PASTOR

David, el rey-pastor, entrega el mejor retrato del pastor en el Salmo 23. David conocía desde su niñez la vida del pastor pues el mismo vivió en los campos con sus ovejas, de modo que las conoció muy bien. Hasta cuando empezó a servir a Saúl, siguió yendo y viniendo de su rebaño.

 

David tuvo el corazón de pastor tanto para sus ovejas como, después, para su pueblo al cual gobernó como rey-pastor. Arriesgó su vida al enfrentarse a un león, después a un oso, para defender el rebano, “David respondió a Saúl: Tu siervo pastor de las ovejas de su padre; y cuando venia un león, o un oso, y tomaba a un cordero de la manada, salía yo tras el, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mi, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejercito del Dios viviente. Arriesgó repetidamente su vida luchando por su pueblo”. 1 Samuel 17:34-36.

 

Tan ideal fue David, el rey-pastor, que Cristo es llamado David, esto es, rey-pastor como David, “Sino que servirán a Jehová su Dios y a David su rey, a quien yo les levantare” Jeremías 30:9.

“Y levantare sobre ellas a un pastor, y el las apacentara; y mi siervo David, el las apacentara, y el les será por pastor. Yo Jehová les seré por Dios, y mi siervo David príncipe en medio de ellos. Yo Jehová he hablado”. Ezequiel 34:23-24.

 

En las profecías del futuro reino de Cristo como rey. David es el pastor ideal que retrata a Dios como nuestro divino pastor en el Salmo 23, delineando para nosotros en la función de pastor que debemos emular.                                                                                                                  

 

Hay  una variedad de funciones que el pastor debe cumplir dentro de su ministerio, por ejemplo: Debe identificar las diferentes áreas en las que se vera involucrado y familiarizarse con ellas, conocer muy bien el método o desarrollo de cada una de estas áreas. La función del pastor no es solamente el predicar, sino conocer métodos efectivos de administración dentro de la iglesia, como también estar preparado sicológicamente y espiritualmente para cuando llegue el momento de ministrar el alma de un creyente en particular. Además podemos mencionar, que, el pastor debe saber como dirigir actividades de bodas, bautizos, presentaciones de niños, quince años, como también dirigir un funeral. Un punto muy importante para el pastor es que debe tomar conciencia de que mucho pueblo de Dios tiene problemas, y no todos los problemas son los mismos, por lo tanto, debe estar preparado para poder asesorar al creyente en el problema de una forma eficaz.

 

El asesoramiento es parte del ministerio del pastor: Muchos piensan que el asesoramiento es algo nuevo, una nueva dimensión del ministerio. En el sentido psicológico moderno, tiene razón, pero este asesoramiento pastoral ha existido largo tiempo antes de los descubrimientos  de Freud y James. Los pastores se han preocupado siempre de los problemas de los creyentes. Ricardo Baxter, predicador ingles de grande influencia en el siglo XVII, observo acertadamente: “El ministro no debe ser solamente un predicador publico, sino que debe ser conocido también como consejero del alma, así como el medico lo es para el cuerpo.”3  

 

Washington Gladden escribió  en su libro El pastor cristiano, en 1896: “Si el ministro es el tipo de hombre que debiera ser, muchos relatos de dudas, perplejidad, tristeza, vergüenza desesperación serán probablemente vertidos en sus oídos.”4                                                                                                

 

Jesucristo nos enseña en la parábola del buen samaritano que nuestro prójimo es aquel que necesita nuestra ayuda. Cuantas personas en nuestro derredor son heridas y despojadas de la paz y del gozo que debieran tener como herencia en Cristo. Tensiones, inseguridad, ansiedad, desviaciones morales, infelicidad matrimonial y problemas de adolescentes caracterizan a nuestra sociedad. Pero desgraciadamente, muchos pastores son como el sacerdote y el levita de la parábola. Están tan ocupados en sus tareas eclesiásticas, que no atienden por los que son heridos por los problemas abrumadores.

 

Algunos pastores no aconsejan a sus miembros por varias razones. Jemes Hamilton, escritor evangélico, nota que algunos pastores estiman que “si los feligreses tuvieran una experiencia adecuada, el consejero no seria necesario...” Piensan que los problemas de sus miembros pueden ser solucionados si oran. Sin embargo, muchos creyentes “cuyo arrepentimiento es real, cuya consagración es definitiva y cuyo servicio y testimonio son indubitable”, todavía necesitan tomar decisiones apoyados por un consejero.5

 

Algunos pastores desconfían de si mismos en este ministerio. No se sienten aptos, seguros para asesorar. Tienen miedo de meterse en la relación intima de aconsejar, o temen las crudas realidades de la vida. El verdadero pastor se encuentra donde están las ovejas. Se compadece de sus debilidades, las ama de corazón, las consuela y las sana.

 

Bendiciones.

Hno. Fredy Monterroza 

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