Cómo activar la respuesta
a nuestras oraciones
Antes que nada, hay dos puntos a tener en cuenta:
1) Cuando no pedimos como conviene, el Espíritu Santo intercede por nosotros: “Pues qué hemos
de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos 8:26).
2) Él nos responde más allá de lo que podamos suponer o
imaginar: “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos
o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas
las edades, por los siglos de los siglos” (Efesios 3:20). Porque en nosotros hay un poder que actúa cuando oramos.
Es el Espíritu que levantó a Cristo de entre los muertos. Ese Espíritu intercede como conviene.
¡Dios
siempre nos oye y actúa como conviene! Podemos estar seguros que cuando pedimos mal, Él no se tapa los oídos. Nos
ama demasiado como para no escuchar nuestros ruegos y sanar el dolor de nuestro corazón.
Cuando
pedimos mal, Él nos responde dándonos lo que sabe que será mejor para nosotros. Puede que digamos: ¿Pero oré por esto y resulta
que Dios me dio otra cosa? Sí, porque Dios sabe que “esa otra cosa” es mejor. Seguramente lo que pedíamos podía
dañarnos, o tal vez no era el tiempo en que podía otorgarnos el pedido.
Hay
un ejemplo muy sencillo. Si un niño quiere colocar sus deditos en el toma corriente y el padre lo aísla, el niño llora, porque
no entiende que se puede electrocutar. Lo mismo modo sucede cuando somos niños en la fe. Nos parece que Dios es un Papá Noel
a quien podemos pedirle cualquier cosa. Podemos hacerlo, pero debemos ser conscientes que Dios nos dará sólo lo que
es bueno y agradable, porque nos ama demasiado como para permitir que nos lastimemos.
Y tenemos
que analizar las respuestas a la luz de la Palabra de Dios para saber cuál de estas dos opciones es válida: Si pedimos lo
que no nos conviene, o si todavía no es el tiempo para lo que pedimos. La fe no es ciega, como algunos suponen, debemos usar
la maravillosa mente que Dios nos ha dado para razonar y evaluar las respuestas. Y le digo más, Dios no quiere que andemos
a ciegas, aceptando las cosas sólo porque están escritas en la Biblia. De hecho Él nos enseña en Romanos 1:18-20 que Él habla
a la razón humana mediante las cosas creadas y mediante el termómetro
interno, llamado conciencia, que ha colocado en el seno de todos los seres humanos.
Y para
los que vivimos en el presente, Dios también nos habla por medio de Su Hijo Jesucristo. ¿Cómo? Transformando la vida y la
realidad de todos los que se atreven a creer en Él.
1 Juan
5:14,15 dice: “Tenemos confianza en Dios, porque sabemos que si le pedimos algo conforme a su voluntad, él nos oye.
Y así como sabemos que Dios oye nuestras oraciones, también sabemos que ya tenemos lo que le hemos pedido.”
O sea, ya tenemos lo que pedimos, cuando hemos pedido según Su voluntad.
¿Cómo
orar conforme a Su voluntad? Orando conforme a la Palabra de Dios. En Su Palabra hay poder, porque es real, es viva y eficaz
(Hebreos 4:12). Es un documento legal que está energizado por la muerte y resurrección de Jesucristo.
El
Dr. Oral Roberts dice que “cuando oramos, Dios no está atado a
nuestras declaraciones sino a Su Palabra. Por lo tanto, debemos buscar en las Escrituras lo que dicen sobre para la situación
que estamos enfrentando y recitar esa Palabra en nuestras oraciones. Porque la Palabra de Dios penetra en el mundo sobrenatural,
toma los planes de Dios para esa oración, y los traslada el mundo natural, a la situación que estamos enfrentando para hacerlo
realidad.”
Los
cristianos debemos tener presente que tanto en las oraciones como en la vida diaria, no es verdad que todos los caminos
conducen a Roma. Dios ha establecido leyes y Sus propios caminos. El diablo, padre de mentira, ha introducido en
le corazón de los hombres mil mentiras para hacerle creer que todo es válido mientras busquen a Dios. No importa dónde lo
busquen, ni cómo lo busquen, la intención vale. Pero nuestro Dios ha dicho que no hay otro nombre dado a los hombres
en que podamos ser salvos y que en ningún otro hay salud fuera de Jesucristo.
Las
buenas intenciones no salvan a nadie, si así fuera Cristo no hubiese muerto. Dios no se hubiese molestado en venir a vivir
en un mundo tan contrario a Su voluntad para sufrir como sufrió, si hubiese otro camino posible, tal como el de las buenas
obras, o el de las buenas intenciones. ¡No! ¡Mil veces no! No hay otro camino, sólo el que Dios ha establecido. Téngalo
presente y no permita que el diablo lo engañe con vanos razonamientos humanos que dañan la vida.
¡Nuestra vida vale demasiado
como para que la arruinemos con las mentiras o espejitos de colores que la sociedad actual le vende a los hombres y que terminan
arruinándolos para siempre!
Tenemos
un Padre bueno y siempre fiel en el cual podemos confiar en todo tiempo y lugar. Suyo es el mundo y los que en él habitan,
suya es la tierra y su plenitud (Salmo 24:1).
Y Romanos
8:32 dice: “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también
con él todas las cosas?”.
¡¡¡Podemos orar plenamente convencidos
de que
nuestro Padre desea lo mejor para nosotros!!!
Porque somos el gozo y la corona de Jesucristo,
nuestro hermano mayor, quien murió por nosotros.
Dios le bendiga y le conceda las peticiones de su corazón.
Nilda E. Sassaroli
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