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Clabado en una cruz
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20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo; y como Dios os exhorta por medio nuestro, rogamos en nombre de Cristo: ¡Reconciliaos con Dios! 21 Al que no conoció pecado, por nosotros Dios le hizo pecado, para que nosotros fuéramos hechos justicia de Dios en él. (2 Co. 5:20-21)

 

Cuenta una anécdota que una niña en una escuela misionera estaba sentada en la primera banca; y cuando la directora narraba cómo clavaron a Jesús en la cruz, las lágrimas llenaron sus ojos, y se levantó y salió. Por la tarde volvió sonriente, y la directora le preguntó: María, ¿a dónde fuiste esta mañana?

Ella contestó: ¡Oh, maestra! No pude contenerme cuando usted nos habló de la crucifixión de Jesús, porque me sentía culpable de haber ayudado a clavarlo allí; salí de la escuela, me arrodillé y dije a Jesús que mis pecados habían ayudado a clavarlo en la cruz; y le rogué que me perdonase por haber ayudado a los demás a matarlo, que me sentí muy triste por esto. ¡Y ahora me siento muy feliz!

 

Todos nos descarriamos siguiendo nuestros propios sentimientos, aferrados al pecado. El Señor y salvador de nuestra alma, vino y habitó entre nosotros con un solo propósito, y fue entregar su vida en sustitución por nuestros pecados. La historia de la cruz, es una bella historia, ver al Señor Jesús clavado en aquella cruz fue algo muy triste, pero detrás de esa triste escena se encuentra la gran realidad de Juan 3:16 que dice: 16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna”.

Si, allá estaba Jesucristo clavado en una cruz por ti y por mí, y por todo aquel que quiera ser salvo.

 

Bendiciones.

Hno. Fredy Monterroza.

 

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