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Paz en la Tormenta

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Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron. Y he aquí se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía. Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es este, que aun los vientos y el mar le obedecen? (Mateo 8:23-27). 

 

Introducción

 

El lago de Galilea, está rodeado por el norte, por altas montañas que facilitan la formación de aparatosas tormentas con vientos huracanados y olas de gran altura. Muchas de esas  tormentas se presenten por sorpresas.

Este lago también está rodeado de colinas, excepto allí donde entra y sale, el Jordán. Las colinas de su ribera occidental llegan a 304 metros y más; las alturas de la ribera sur occidental son similares, pero las del noroeste son más bajas y menos escarpadas. (grandes desniveles rocosos). A pesar que su agua es dulce, este lago recibe el nombre de mar, a causa de su considerable extensión en relación con el país. De la embocadura a la desembocadura, el mar de Galilea excede los 20 Km.; su mayor anchura, frente a Magdala, es de 12 Km.

Su ribera occidental no presenta grandes accidentes, en tanto que la oriental presenta  una gran bahía que pasa desde Tell Hum, al norte, hasta Tiberiades, al sur.

Se encuentra a unos 208 metros por debajo del nivel del mar, lo que le da un clima semitropical. Sus aguas abundan en peces; en la época de Cristo los pescadores del lago de Galilea tenían un buen medio de vida por medio de esta ocupación muy lucrativa. Sebedeo tenia empleados en su negocio de pesca (Marcos 1:20).

En el Antiguo Testamento se le llama Cineret (Números 34:11; Josué 12:3), nombre de origen hebreo que significa kinnor (arpa), a los judíos antiguos les parecía que este lago tenia forma de arpa. En el Nuevo Testamento además de mar de Galilea (Mateo 4:18; 15:29; Juan 6:1), se le llama mar de Genesaret (Lucas 5:1), y mar de Tiberias (Juan 6:1; 21:1).

 

I. Mateo, el publicano

 

Probablemente, ninguno de los doce discípulos fue más notorio como pecador que Mateo. En Marcos 2:14 se le llama Leví (nombre judío). En Lucas 5:27-29, se le llama Leví, como Mateo cuando habla de los doce en Lucas 6:15 y en Hechos 1:13.

Mateo es el autor del evangelio que lleva su nombre. Sabemos muy poco acerca del él, lo que se sabe con seguridad  es que era un hombre humilde, modesto, que se mantuvo casi completamente en el trasfondo a través de su largo relato de la vida y ministerio de Jesús. En todo su Evangelio solo menciona su nombre dos veces. Uno es cuando recuerda su llamado y el otro cuando enumera a los doce apóstoles.

Mateo era un cobrador de impuestos, un publicano. Lo ultimo que se esperaría de un hombre que llegaría a ser un apóstol de Jesucristo, un importante líder de la iglesia y un predicador del evangelio. Los cobradores de impuestos eran la gente mas despreciada en Israel. Eran odiados y despreciados por la sociedad judía.

Los publicanos eran hombres que habían comprado franquicias de impuestos del emperador romano para sacarle dinero al pueblo Israel y llenar las bodegas romanas y sus propios bolsillos. A menudo le sacaban el dinero a la gente usando malhechores despreciables, viles y sin principios.

 

a. Jesús llama a Mateo

 

Su llamado lo vemos en Mateo 9:9 saliendo Jesús de allí (Capernaum), vio a un hombre llamado Mateo que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: sígueme. Él se levantó y le siguió. Esta es la única referencia que encontramos acerca de Mateo en todo su evangelio.

En los versículos siguientes, Mateo sigue diciendo: y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. Lucas dice que fue un gran banquete que Mateo preparó en honor a Jesús. Mateo había invitado a varios de sus colegas cobradores de impuestos y varias otras clases de truhanes (personas que engañan y estafan), y proscritos (personas desterradas) de la sociedad para que estuvieran con Jesús. (Lucas 5:29). Esta clase de personas eran los únicos que estarían dispuestos a relacionarse con un hombre como Mateo.

 Un cobrador de impuestos estaba al mismo nivel social que las rameras (Mateo 21:32). Para un judío como Mateo ser un cobrador de impuestos era peor, su ocupación lo transformaba en un traidor a la nación, en un paria (persona que era excluida de las ventajas y tratos que gozaban los demás), era una de las personas mas bajas en la escala social.

Los únicos amigos de Mateo eran lo peor de la sociedad, ladrones, truhanes, prostitutas y otros de la misma clase fueron los que asistieron a ese gran banquete para oír a Jesús.     

 

b. El cuadro de la paz.

 

Se cuenta que se abrió un concurso de pintura sobre el tema “La Paz” donde fueron presentados diversos cuadros, uno de los cuadros representaba una mañana apacible, otro, una silenciosa puesta del sol; y otros, temas similares. Sin embargo, el premio fue otorgado a un cuadro que representaba una furiosa catarata que precipitándose por un acantilado de roca levantaba densas nubes de espuma y vapor; pero en la rama de un árbol que se extendía por encima de la furiosa catarata, un pajarillo había construido su nido y gorjeaba alegremente estando en paz en medio de aquella violenta catarata.

Ciertamente, el mejor concepto de paz es la que puede obtenerse y gozarse, no en circunstancias favorables, sino en medio del ruido y la tempestad. El pájaro se hallaba pozado en una rama que tenia su raíz en la roca y se extendía por encima de la furiosa humareda de la catarata, y en aquella altura nada podía ocurrir. Así debería ser la paz de los que han puesto su confianza en el señor Jesucristo.

En este mundo los hijos de Dios caminan entre escenas de tribulación, tensión y tormentas. Pero, dentro de sus corazones y mentes hay gozo, paz y calma bajo la protección de Dios.

La Escritura dice: Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo corazón en ti persevera, porque en ti confía. (Isaías 26:3).

 

II. La tormenta

 

Jesús entró en la barca y los discípulos lo siguieron. (Mateo 8:23). En este momento el Señor se alejó de las multitudes, cuan diferente de algunas celebridades cristianas de hoy que apelan a la multitud y aman la alabanza de la gente.

En Mateo 8:19-22 muestra porqué, el Señor Jesús no se impresionaba por las grandes multitudes, la gente no estaba dispuesta a dejarlo todo y seguirlo. Estaban interesados en ver milagros, pero no estaban interesados en darlo todo por Cristo, el dador de los milagros.

Se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca.

Esta tempestad era para la gloria de Dios y el provecho de los discípulos, como en el caso de Juan 11:4-15. Cristo quería mostrar que los que atraviesan con él el océano de este mundo, deben esperar tormentas en el viaje.

Algunos creen que esta tormenta fue de origen satánico, puesto que algunos de los discípulos eran expertos pescadores, y hombres acostumbrados al mar, sin embargo se aterrorizaron ante semejante tempestad. Talvez, si fue un ataque del enemigo para destruir a Cristo, sabemos que el propósito de pasar al otro lado como lo describe Marcos 4:35-41, aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: (Pasemos al otro lado), v.35. en ese lugar se encuentra la región de las Diez Ciudades llamada Decápolis ubicada al sudeste del Mar de Galilea. Al entrar el Señor Jesús a esta región expandía su ministerio al pueblo gentil. 

Sabemos que las tormentas repentinas son comunes en el mar de Galilea, pero esta fue diferente tanto que Marcos habla de la forma que Jesús se dirigió a la tempestad, (Calla y enmudece) v.39, como si se tratara de un animal feroz.

 

a. La orden de Jesús

 

Cristo había dado orden a sus discípulos de hacerse a la vela y pasar al otro lado del lago (Mateo 8:18; Marcos 4:35), pues había decidido marchar de este modo, ante el agobio de la multitud, además Jesús estaba en la barca y él mismo había dicho pasemos al otro lado.

 

La Escritura dice: Los que descienden al mar en naves,…entonces claman a Jehová en su angustia,  y los libra de sus aflicciones. Cambian la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas. (Salmos 107:23, 28-29).

 

b. Cerca de Jesús

 

Los doce le seguían de cerca. Solo los que están dispuestos a embarcarse con Cristo y a seguirle en medio del peligro y dificultad, se haya entre los verdaderos discípulos del maestro. Muchos se contentarían con seguir a Cristo por tierra, pero quienes desean descansar después con Jesús, deben seguirle ahora adonde quiera que él los lleve, ya sea a un barco como a una cárcel, lo mismo que a un palacio. 

 

III. Jesús dormía.

 

El Señor dormía. Nunca leemos que Cristo durmiera excepto en esta ocasión; no era un sueño de falsa seguridad, como el de Jonás durante la tormenta, sino de santa seguridad y dependencia de Dios el Padre; no abrigaba en su interior del corazón culpa o miedo que perturbara su reposo. Jesús había tenido una tarea muy grande durante el día y como es natural tenia que sentirse cansado, fatigado del trabajo.

Quienes pueden reclinar su cabeza sobre la almohada de una conciencia limpia, pueden dormir tranquilamente en medio de una tormenta.

La Escritura dice en salmos 4:8, En paz me acostaré, y así mismo dormiré; por que solo tu Jehová, me haces vivir confiado.

Como Pedro en la cárcel Hechos 12:6 que dice: y cuando Herodes le iba a sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel.

Jesús dormía para poner a prueba la fe de sus discípulos, haber si confiaban en él ahora que parecía desinteresarse de ellos.

 

a. La experiencia sin Cristo

 

Los discípulos, eran expertos en la navegación, ya que varios de ellos eran pescadores con mucha experiencia en el mar, aun así, se asustaron de tal manera que se le acercaron a Jesús en demanda de socorro.

Juan 8:25 dice: y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! Esta tormenta no era común tanto que aquellos hombres con experiencia en la navegación corrieron al señor en clamor. Estos hombres tenían mucho conocimiento sobre el mar y las tormentas repentinas. Sin embargo toda su experiencia y conocimiento sin Cristo junto a ellos no servía de nada.

 

b. La importancia de creer en Jesucristo

 

No había por que temer, solamente un poco de fe en la palabra del Señor les hubiera hecho sentir seguros y en paz, anteriormente vimos que el Señor les había dicho que se embarcaran para ir al otro lado. (v.18)

¿A quien otro podía ir? ¡Que bueno que el Señor estaba cerca! Hay un proverbio que dice: Quien quiera aprender a orar, que se haga a la mar.

Los peligros claros, inminentes e inevitables, conducen espontáneamente a la gente hacia el único que puede prestar ayuda en momentos de extremos apuros.

 

c. La petición de los discípulos

 

Su petición fue: Sálvanos. Sabían que él podía salvarlos; le piden que quiera. Cristo vino al mundo al salvar (Lucas 19:10).  

Pero solo serán salvos los que invoquen el nombre del Señor (Hechos 4:12). Le llaman Señor, y luego le piden: sálvanos. Cristo no salvará sino a los que están dispuestos a recibirle como Señor.

La Escritura dice: Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acción de gracias. (Colosenses 2:6-7).

 

IV. La suplica de los discípulos

 

El motivo de su suplica es: Que perecemos; eran palabras de temor; habían recibido en su interior respuestas de muerte, y dicen: Perecemos, pero tu puedes salvarnos; ten, pues, compasión de nosotros; era también un clamor de fervor. A todos los que se esfuerzan y luchan fervientemente en oración les va bien, pues el Señor está dispuesto a oír su oración; por eso Cristo dormía, para darles esta oportunidad.

El poder y la gracia de Jesucristo acude en auxilio de ellos. Puede parecer que Cristo duerme mientras tu iglesia se encuentra en medio de una tormenta, pero su espíritu siempre vela para no dejarla desamparada.

 

a. Jesús exhorta a los discípulos

 

En primer lugar, reprende a los discípulos: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? V.26. No les echa en cara el que le hayan perturbado con sus oraciones, sino el que se hayan dejado perturbar por sus temores. Les reprende antes de salvarles: ¿Por qué teméis? ¿Acaso no están con migo? Y luego les descubre la causa de sus temores: Hombres de poca fe.  Efectivamente tenían varios motivos para confiar en Cristo y no dejarse llevar por el pánico. Por una parte, tenían consigo en la barca la persona de Jesús el Señor, suficiente garantía de que las olas no les harían naufragar.

 

b. Reten la Palabra de Dios

 

Por otra parte tenían la palabra de Jesucristo que habían mandado pasar al otro lado. Mateo 8:18 dice: viéndose Jesús rodeado de mucha gente, dio orden de pasar al otro lado. Eso tendría que haber sido suficiente para mantenerse confiados en medio de aquella furiosa tempestad.

 

c. La fe por la Palabra de Dios

 

Con un poco más de fe, habrían visto la orilla opuesta a través de la tormenta. También nosotros debemos avivar nuestra fe, y saber, que tras las tormentas de esta vida arribaremos a las tranquilas playas de una eternidad bienaventurada.

 

V. La exhortación del Señor

 

No les dice hombres sin fe, sino hombres de poca fe. Hay muchos que tienen fe verdadera, pero es pequeña y les sirve para poco en las tormentas de la vida.

 

a. Jesús, Señor de la naturaleza

 

Después reprendió a los vientos y al mar. ¡Con que felicidad! Con solo su palabra. ¡Con que eficacia! Sobrevino gran calma, inmediatamente.

Por lo regular, cuando ha pasado lo peor de una tormenta, todavía queda mucho oleaje hasta que el mar se sosiega por completo; pero, a la voz de Cristo, no solo cesa la tormenta, sino todo  lo que queda de ella.

A veces, las grandes tormentas de duda y temores acaban en una calma maravillosa, se produce la paz en el corazón afligido cuando reconoce que solo en Cristo hay esperanza.

Los vientos y tormentas de la vida son convertidos en bonanza en la presencia del Señor.

 

b. Los discípulos se maravillaron

 

Esto les produjo a los discípulos gran asombro: los hombres se maravillaban: ¡aquí había uno que era más que Jonás! Mateo 12:41 dice: los hombres de Nineve se levantaran en juicio contra esta generación y la condenaran, porque ellos se arrepintieron por la predicación de Jonás, y en este lugar hay alguien que es más que Jonás.

Dice hombres, ya sea refiriéndose especialmente otras personas que estuvieran con los discípulos, o porque esto, a causa de su poca fe, no merecían ser llamados de otra manera. Todos estaban acostumbrados al mar, pero no habían visto jamás en su vida una tormenta que se calmara de forma tan rápida y completa. Observe: su admiración de Cristo: ¿Qué clase de hombre es este? Cristo es un hombre completamente diferente a todos los demás; todo lo de él es admirable: nadie es tan sabio, tan poderoso, tan amable y benigno, como él.

 

La razón de tal asombro: aun los vientos y el mar le obedecen. Según el relato, Cristo es digno de admiración por disponer de un poder tan portentoso, que se impone incluso a la naturaleza, que es incapaz de ser obstaculizada por ninguna palabra humana. El que puede hacer esto, puede también hacer cualquier cosa por difícil que parezca; tiene poder para avivar nuestra confianza en él, en medio de las mayores tormentas.

Vemos la paz que el Señor mostró, capaz de dormir en medio de una tremenda tempestad. Esta es la paz que podemos tener cuando sabemos que estamos en el centro de la voluntad de Dios, pasamos de una tempestad a una grande bonanza, a una maravillosa paz.

 

Conclusión:

 

El mismo Jesús que calmó la tempestad en el mar, puede también calmar la tempestad de la vida que abruma los corazones. Solo en Jesús hay paz, aunque muchas veces el costo de seguirle parezca difícil, pero si tu confianza en está en su voluntad no hay por que temer, el Señor promete estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, esto es una promesa del Señor. No permitas dudas en el corazón que Jesús esta contigo en el mar de esta vida dando paz y seguridad.

 

Bendiciones

Hno. Fredy Monterroza.

 

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