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Hay tres decisiones fundamentales que uno normalmente espera tomar en la vida: decidir seguir a Cristo como creyente y discípulo, escoger una vocación, y elegir al compañero(a) con quien casarse y compartir la vida. Como cristianos ponemos mucho énfasis en capacitar a los nuevos creyentes doctrinalmente y en cuanto a las prácticas y la moral de la vida cristiana, todo antes de bautizarles. Sería una falla muy seria el no preparar bien a las personas para poder entrar en la vida del creyente, como miembro de una iglesia.

También nos preocupamos en prepararnos secularmente para una profesión  y poder ejercer bien un oficio o trabajo y así poder sostenernos económicamente. Pero debemos reconocer que hemos flaqueado en preparar a los jóvenes de nuestras iglesias para la tarea cuyo cumplimiento durará toda la vida, esto es, en seleccionar a su cónyuge y casarse, sabiendo lo que hacen y cómo hacerlo bien. Hace falta darles un buen adiestramiento y una buena orientación en este campo.

En el presente estudio serán investigados varios aspectos del noviazgo que incluyen: la amistad, las citas, los elementos de selección y algo de auto análisis para calificar la compatibilidad entre los novios. Es preciso aquí tocar la delicada cuestión del sexo prematrimonial para ayudar a los jóvenes a entender bien el peligro que hay en ello.

 

LAS AMISTADES

 

Algunos piensan que la preparación para el matrimonio es un asunto de pocas semanas antes de la ceremonia. En realidad comienza en la cuna. Las relaciones que alguien forma, aun en la infancia, crean las bases para la forma en que se relacionará cuando entre en el noviazgo y el matrimonio. Si experimenta a temprana edad la seguridad y el aprecio con los padres y familiares es más probable que siga reproduciendo estas características dentro de sus amistades. Por el contrario, el sentir inseguridad y rechazo puede crearle la incapacidad de relacionarse satisfactoriamente con sus semejantes o dentro de su círculo.

También es menester recalcar que la dirección que nuestras vidas toman se debe a nuestra forma de tomar decisiones. Si tratamos de elegir correctamente, nos creamos un hábito de éxito, pero las malas selecciones también nos traen su sentido de frustración. Alguien lo expresó una vez así: “Siembra un hecho y cosecha un hábito; siembra un hábito y cosecha un carácter; siembra un carácter y cosecha un destino”. La aplicación de este criterio es obvia en la selección de amistades y novios.

La manera en que uno se acostumbra a formar amistades afecta considerablemente cómo se relacionará con su novio(a) más tarde. Ganar y mantener buenas amistades es un arte que todos deseamos aprender. Se puede definir a un amigo como alguien que nos aprecia o nos quiere a pesar de conocernos. De modo que los amigos son de gran valor y han de ser tratados con cuidado. Este hábito de cuidar y nutrir la amistad crea un criterio estable para mantener la amistad íntima que se espera formar en el matrimonio.

El doctor Ralph Phelps hace resaltar que la amistad es engendrada por el ser amistoso, el mantener una buena disposición, el expresarse sinceramente, el saber dialogar y el manifestar un genuino interés en los demás. Son contraproducentes el egoísmo, la timidez, los modales incorrectos, la apariencia descuidada, la supersensibilidad, el mal genio, el faltar a los compromisos, la manipulación de otros y el ser criticón. La escuela primaria para el matrimonio es el trato que uno da y recibe con los amigos de ambos sexos durante el tiempo de la niñez y adolescente.

 

ESTRECHANDO VINCULOS

 

La cita es una costumbre relativamente nueva. Es normal que ésta comience por la inclinación natural de los jóvenes de juntarse aunque permanezcan dentro del grupo que se reúne en el templo, en la escuela, o cuando salen en grupo a pasear. Es en este nivel que los jóvenes manifiestan preferencia mutua que puede representar tan solo, amistad y no amor. Pero siempre indica un apego más fuerte. Es aquí cuando muchas veces se comienza a prescindir de otras compañías, cuando sienten atracción el uno por el otro, cuando caminan juntos y consideran que cierta afinidad se apodera de ellos; es el tiempo que debería ser aprovechado por la pareja para saber si en verdad están dispuestos a sembrar la semilla del amor, si se identifican en sus intereses e ideales.

A veces las citas consisten en visitas a la casa de la señorita para conversar y entrevistarse. Es en este estado de cercanía que ellos logran lo que  muchos  llaman una “primera amistad” que quiere decir que ellos concentran sus intereses en una sola persona, sin que por ello dejen de tener relaciones amistosas con otras personas; es el período que sirve para hacer comparaciones antes de comprometerse.

Es todavía común en algunos países latinos que la pareja no salga a solas hasta que estén comprometidos y aún en este nivel de noviazgo es de esperar que algún familiar les acompañe a dondequiera que vayan. Si esta es la costumbre social y también el deseo de la familia de la señorita, debe ser respetado. La pareja ganará la confianza de la familia, iglesia y sociedad por su comportamiento responsable.

Quizá, siendo este capítulo uno de los relacionados con la preparación para el matrimonio, baste sugerir en él una sola cosa para ayudar a la pareja en cualquiera de las fases del noviazgo en que se encuentren. Mucho de la problemática de formar esta íntima amistad, de emparejarse, se resuelve con una conducta cortés que crea una concordancia y confianza entre los jóvenes.

Un acuerdo alentador y aliviador que los novios cristianos pueden establecer es el de terminar todas sus citas en oración. Es una práctica amena que les ayudará a planificar y conducir sus tiempos juntos de tal manera que ellos se sentirán complacidos y el Señor será honrado.

 

ELEMENTOS DE SELECCIÓN

 

Siempre existe la pregunta, y es legítima, ¿cómo puedo yo saber si ésta es la persona que Dios quiere para mí? También cabe la interrogación sincera de cómo uno puede calificar sus sentimientos de estar enamorado. Una cosa es cierta, Dios tiene una voluntad exacta al respecto; él tiene alguien preparado para cada uno, para que sea su copartícipe y compañero de por vida. Quizá haya varias personas con quienes uno podría emparejarse y vivir felizmente, pero Dios sabe cuál es la mejor y con su ayuda podremos encontrarla.

Reflexionando sobre la forma en que Dios proveyó a Eva para Adán, los judíos dicen que el hombre tiene la tarea de encontrar su “costilla perdida”.

Como cristianos desearíamos tener por delante una lista de características que nos sirvan de guía en la selección de nuestro cónyuge. Luis Palau sugiere una lista de trece elementos que deben ser guardados en mente por la persona durante el proceso de esta elección. El los presenta en forma de preguntas:

 

1. ¿Es o no es un cristiano verdadero? Es decir, no deben las personas pretender ser cristianos simplemente para poder casarse con el que en realidad es cristiano.

 

2. ¿Estoy orgulloso de ella o me avergonzaría de presentarla a algún personaje importante?

 

3. ¿La considero inferior a mí en algún sentido?

 

4. ¿Siento respeto por ella o me tomo ciertas libertades para maltratarla o abusar de ella?

 

5. Al estar en oración, ¿siento tranquilidad al pensar en casarme con esta señorita, o con ese joven?

 

6. ¿Tengo plena confianza en su amor y fidelidad, o siento sospechas y celos infundados, inventados por mi corazón esquivo?

 

7. ¿Podemos conversar por largas horas sin aburrirnos, o no tenemos nada más que conversar?

 

8. ¿Estoy dispuesto a esperar cuanto tiempo sea necesario? La cualidad de poder hacer las cosas en su debido tiempo demuestra una madurez que es elemental para llevarse bien en el matrimonio.

 

9. ¿Quiero ser yo la clase de persona que ella puede respetar, o pretendo hacer todo por la fuerza? (Hay una relación entre esta pregunta y la del número4. Ambas radican en el problema del egoísmo que es el enemigo número uno de las buenas relaciones.)

 

10. ¿Es ella idónea para mí? ¿Suplirá las deficiencias mías? Y yo, ¿supliré las deficiencias de ella? ¿Es él el joven idóneo para mí? La idea aquí es que los dos sean complementos el uno del otro. No es que deban de ser tan distintos, como será presentado más adelante en el tema acerca de la compatibilidad.

 

11. ¿Me resulta físicamente atractiva esta persona con la cual pienso casarme?

 

12. ¿Están de acuerdo y satisfechos mis padres —y los de ella o de él, según el caso— de nuestro noviazgo y posible casamiento en el futuro? Palau sugiere que el seguir con los planes de casarse en contra de los deseos de los padres es peligroso e impropio. Efesios 6:1; Colosenses 3:20.) Es cierto, el no tener la aprobación de los padres es traer angustia y frustración a la pareja. Es aconsejable, cuando los padres se oponen, preguntarse ¿por qué? Quizá ellos están esperando ver más madurez en la pareja. O más responsabilidad económica, o más disciplina propia. Palau propone que la pareja averigüe la razón de los padres, pero que recuerde ser solícita, sincera, sencilla y humilde en su trato. También es bueno confiar en que, si Dios quiere que una pareja se case, él mismo puede cambiar la opinión de los padres, basado por cierto en el comportamiento responsable de los jóvenes.

 

13. ¿Amo o no amo a esta persona con quien digo que me voy a casar? Quizá a esta lista se necesite agregar unas cualidades más que ayudarían a formar el concepto de un compañero ideal. Todo esto es lo que a veces se llama elementos de compatibilidad. Ralph Phelps menciona algunos asuntos interesantes que merecen la consideración de cualquier pareja que esté buscando la voluntad de Dios para ellos. Sólo se incluyen aquí algunas facetas distintas a las sugeridas por Palau.

 Se debe desear que la pareja esté en buenas condiciones de salud.

Que tengan buenas disposiciones y madurez emocional. En este último punto Phelps resalta cuán importante es que hayan dejado atrás las características inmaduras (como pataletas, morriñas y celos), y que sean capaces de actuar como adultos.

Es aconsejable que compartan algunos gustos similares como los de la música, recreación, comida, etc.

Sentido de buen humor, sentido común en el uso del dinero, buena disposición hacia el trabajo que es esencial si van a poder independizarse de los padres, la misma fe cristiana. Una buena manera de fijar la calidad de cristianos es que oren juntos.

Una nota de cautela debe ser sonada si hay grandes diferencias entre la pareja.

Algunas diferencias que deben ser consideradas son las de edad, condición económica, formación social y familiar, educación e inteligencia. Además, la diferencia de religión es algo que se debe destacar y ser bien entendido. Es ideal que ambos sean cristianos activos y estables. Son muchos los que creen que pueden convertir a su cónyuge dentro del matrimonio, pero la triste verdad es que uno se convierte sólo porque quiere. Nosotros no cambiamos a nadie sino sólo a nosotros mismos. Si otros, especialmente en este caso “el otro”, ven algo deseable en nuestra vida cristiana, estarán atraídos a ella, ofreciéndole oportunidad de dar razón por la esperanza que hay en nosotros 1 Pedro 3:15.)  Pero, es mucho mejor que haya un estrecho y pleno acuerdo en este asunto antes de casarse. Recordemos también los consejos bíblicos: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos” 2 Corintios 6:14a); y “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” Amós 3:3). Además, siempre hay el peligro de que la fe del cristiano sea debilitada y confundida por ligarse a una persona incrédula o de otra religión. Jueces 3:6.) En pocas palabras, los casamientos mixtos están lejos de ser de “un corazón y un sentir”.

El doctor David Mace sugiere que la pareja tome nota de estas facetas de compatibilidad para evaluarse a sí mismos. Deben tratar de entender las áreas en que descubren que sienten ansiedad o tensión emocional y buscar las razones de aquello. Agrega el doctor Mace que cada uno debe evaluarse a sí mismo, pero es bueno compartir abiertamente y juntos lo que cada uno siente y ha experimentado. Si hay alguna faceta en uno mismo que le inquieta, debe tratar de buscar orientación o consejo para poder entenderse antes de comprometerse con otra persona que posiblemente tendrá aún más problemas en entenderle. Buscar ayuda no es señal de debilidad sino de madurez y sabiduría. Se pueden evitar grandes problemas en el matrimonio por haberlo hecho. En el próximo capitulo, trataremos algunos aspectos del consejo pastoral para los novios. Esta sección sobre la compatibilidad es un elemento muy importante y debe ser tratado por el pastor con la pareja.

 

LA DIFERENCIA ENTRE EL AMOR MADURO Y EL INMADURO

 

Antes de dejar los preparativos para el noviazgo es preciso aclarar un aspecto que es tanto emocional y psicológico como espiritual: el amor. Como fue dicho anteriormente, hay muchas razones para las confusiones en cuanto al sexo.

Comúnmente algo del fondo de esta confusión actual es la desorientación sobre en qué consiste el amor. A continuación se encuentra una lista que compara el amor maduro y verdadero, con el inmaduro e inadecuado.

En todo caso del amor verdadero, es saludable recordar cómo está descrita esta cualidad en 1 Corintios, capítulo 13, especialmente los versículos 4-8,11. Los altos ideales sobre el amor tienen un buen servicio en nuestras conciencias, el de mantenernos deseando lo mejor en nuestras relaciones con el sexo opuesto. He aquí un área que necesita una luz bíblica arrojada sobre ella para programar de nuevo (o por primera vez) las conciencias de nuestros jóvenes: es la del sexo prematrimonial.

 

SEXO PREMATRIMONIAL

 

La nueva inmoralidad que está inundando nuestro mundo entero está convenciendo a una multitud de jóvenes (y de adultos también) de que la única felicidad se encuentra en el coito. ¡Nada puede estar más lejos de la verdad! El sexo jamás nos fue dado por Dios simplemente para ser un placer, como lo hemos indicado en el primer capítulo. Hay muchas razones en contra de la onda popular de experimentar con el sexo antes del matrimonio.

 

1. Esenciales a la felicidad sexual son el respeto y la confianza. Esto no se logra durante un experimento sexual. La experiencia puede ser placentera, especialmente para el varón, pero no es una entrega de las dos personas, porque falta aquella intención de establecer una unión permanente. Aunque sí puede existir la promesa de casarse, no existe en realidad. A la mujer le cuesta entregarse, si no hay la confianza de tener un cónyuge asegurado. Se puede experimentar el placer pero no la felicidad como la diseñó Dios al crear la unión de una sola carne.

 

2. Debemos recordar qué es el amor. El amor jamás quiere causar daño ni pena. Como dice Pablo en Romanos 13:10: “El amor no hace mal al prójimo”. Así nos sentimos frente a la persona que esperamos que sea nuestra compañera para la vida. Algo menos que un respeto y un aprecio hacia la otra persona no puede ser amor, pero bien puede ser egoísmo.

 

3. José Grau ha hecho un estudio concienzudo al respecto, y él hace hincapié en un auge de desórdenes mentales que se deben a la nueva revolución sexual.

Esta conclusión se basa en las investigaciones del psiquiatra Francis Braceland, quien dice que no se puede jugar con el sexo sin sufrir las consecuencias. Grau continúa diciendo de las personas involucradas en esta onda sexual: Están aprendiendo que cuando uno expresa amor a media docena de personas diferentes con el símbolo físico máximo del amor, el símbolo se convierte en un fin en sí y pierde todo su sentido más allá de ese fin. Están aprendiendo que en la mayoría de los casos el coito prematrimonial es “pre” pero no matrimonial: una gratificación pero no una entrega. Y para muchos jóvenes con sensibilidad y sentido común este descubrimiento y no las reglas liberales de las residencias de estudiantes ni tampoco los hogares o iglesias restrictivas es el que impone tensiones explosivas a su personalidad y desarrollo.

 

4. Algunas parejas argumentan que se aman y que entonces experimentar con el sexo es sólo un adelanto y preparativo al ajuste del matrimonio. Grau responde a este argumento diciendo que el sexo no es algo para probar como un carro nuevo o como ponerse un sombrero nuevo. El sexo es sólo uno de los ajustes en el matrimonio y es sumamente difícil ajustarse en este aspecto aisladamente de todos los demás ajustes normales de la unión conyugal. En la mayoría de los casos lo que está ocurriendo es nada más que la “absolutización” del placer sexual que Grau denomina una “caricatura del amor” y no un amor verdadero.

 

5. Otra razón en contra del sexo prematrimonial es la que se crea muchas veces después de la unión matrimonial, los celos. La conclusión, al final de cuentas, es que no se sienten seguros el uno del otro por la facilidad de la conquista (si cede tan fácil conmigo, ¿cómo voy confiar en ella?) o por la forma agresiva y suave (si pudo persuadirme a mí, ¿cómo voy a confiar en él?). La realidad es que aquellos que se casan habiendo experimentado sexualmente entre ellos o con otros tienden a ser más infieles y más egoístas en el matrimonio.

 

6. Además de todas las razones anteriores es la de tomar en cuenta los consejos bíblicos en cuanto a la fornicación, porque el sexo prematrimonial es exactamente aquello. La fornicación y el adulterio causan la desintegración moral de una persona, trayendo consecuencias hasta sobre la nación si es una característica de su ciudadanía. Jeremías 3:2-5.

Es algo que Dios detesta y reprueba. El profeta Oseas amonesta que la fornicación, como el vino y el mosto, quita el juicio. Oseas 4:11. Cuando Pablo describe la mente reprobada que rechaza a Dios y que es rechazada por Dios, la fornicación es una de las primeras características en la lista. Romanos 1:28-32. O sea, la fornicación refleja una rebelión contra Dios y una desintegración moral. Para el joven cristiano, la fornicación constituye algo sumamente dañino en su carácter moral y espiritual afecta directamente el testimonio del mismo. La vida así desmoralizada de los cristianos es causa de tristeza en la iglesia y exige el arrepentimiento para que haya una restauración a una sanidad mental y espiritual. 2 Corintios 12:21.

 

7. Por último, el sexo prematrimonial, según 1 Corintios 6:12-20, frustra el propósito que Dios tiene para con el cuerpo del hombre, especialmente el del cristiano. Pablo explica que Dios ha diseñado que el cuerpo sea para lo más alto y digno de la vida, para lo sano y lo edificante; es decir, el cuerpo es para el Señor v. 13. Dios planifica dignificar nuestros cuerpos con la resurrección por su poder, igual como hizo con Cristo  versículo 14. Es por este motivo que él no quiere que entremos en la bajeza de una vida impura versículo 15-16. Además, mientras estemos en el cuerpo, nos recuerda que pertenecemos a él y que él habita en nosotros; hasta considera que nuestros cuerpos sirven de templos para el Espíritu Santo versiculo17-19. De modo que la fornicación ensucia la morada del Dios Santo e influye sobre nuestros pensamientos y acciones. Es un tipo de suicidio espiritual (v. 18). Por lo tanto, se debe siempre procurar glorificar al Señor tanto en el espíritu como en el cuerpo, para encontrar las fuerzas para poder “huir de la fornicación”  versículo 18-20.

Por todas estas siete razones, diríamos entonces que el sexo prematrimonial no prepara a nadie para el matrimonio, sino que es la causa de desconfianza, celos, desorientación y desintegración moral.

 

¿QUÉ DE LAS CARICIAS?

 

Las caricias son una parte esencial del juego preparativo para el acoplamiento sexual. Los manoseos estimulan al cuerpo de tal forma que uno está siendo preparado para el acto sexual. Con esto en mente, los novios deben reconocer lo que se están haciendo a sí mismos cuando siguen demasiado adelante el trato físico. Es cierto que no hay nada tan excitante como carne contra carne. Dios nos hizo así, pero repetimos que el lugar de disfrutar al máximo de esta faceta física es en una unión fija, también creada por Dios, que garantiza la intención de confianza y entrega. El cristiano tiene una gran ventaja en este asunto porque conoce a un Dios que le ayuda a vencer todas las tentaciones cuando él quiere vencerlas. 1 Corintios 10:13. Todo esto quiere decir que los novios se gozarán mejor de lo físico en el matrimonio cuando se han guardado el uno para el otro hasta entonces. Esto no es negarles el derecho de tomarse las manos y besarse, pero es hacerles ver el uso de las demás expresiones físicas, o sea, las caricias.

 

Bendiciiones.

Hno. Fredy Monterroza.

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